La paradoja del confort o el baile en círculo. Conteo de protección en el Arte Contemporáneo de Pinar del Río




Por Lázaro Prieto 

En los últimos años las Artes Visuales en Pinar del Río se han enfocado en lanzar contundentes golpes al aire sin un claro y certero objetivo. El actual panorama parece describirse dentro de un tormentoso y estresante cuadrilátero, hipótesis que me permite formular la siguiente pregunta: ¿cuán cerca o lejos está Pinar del Río dentro de lo que se está haciendo, promocionando, legitimando, estandarizando y comercializando dentro del Arte Contemporáneo que se gesta en el presente minuto?

No puede negarse que los aires “renovadores” se han dado cita a lo largo de varias etapas en este territorio, algunos con más impacto y sistematicidad, otros más conservadores y desde una pose nostálgica. En tanto persiste una actitud acomodada desde la teoría y la práctica que han hecho que me formule y sostenga hasta el día de hoy el siguiente criterio: Pinar del Río hace algunos años no está viviendo sus mejores momentos dentro del ámbito del Arte Contemporáneo.

Eso no quiere decir que no existan ilustres creadores y excelentes obras, pero el fenómeno del arte como evolución, representación estética y proposición discursiva, se ha fracturado casi en su totalidad.

No emito este criterio para ponerme de relieve dentro de la opinión pública y especializada; todo lo contrario, más bien se trata de buscar una solución viable, confiable y urgente que nos ayude a salir de esta pista de atletismo en la que se ha convertido buena parte del corpus ideoestético de nuestro contexto artístico.

Por una cuestión editorial me ceñiré brevemente sobre algunos elementos en lo que he percibido el inminente retroceso.

 Round # 1

Existe y prevalece aún una enquistada y arraigada tradición pictórica en nuestro contexto que ha permeado generacionalmente durante décadas - no así las búsquedas y experimentaciones que desde lo estético y formal pudieran ser mucho más osadas y propositivas. Aunque vale destacar que algunos casos muy puntuales han logrado desmarcarse de ese “carnaval” que no parece encontrar brújula.

En Pinar del Río nos hemos olvidado de dos aspectos fundamentales que rigen, categorizan y estandarizan a los creadores en el actual siglo; primero: somos artistas visuales, trabajamos con la visualidad y para ello nos apropiamos de cuanto recurso expresivo encontremos  y tengamos al alcance de la mano y el pensamiento, todo ello en pos de fomentar un determinado discurso. Desafortunadamente todavía pulula y predomina en buena parte del gremio la etiqueta de “artistas plásticos”, aunque tenemos todo el derecho y la libertad de aplicar en nuestro campo artístico la interdisciplinariedad, sin límite alguno, solo se necesita el deseo de romper el esquema y salir de la zona de la confort.

Todo ello ha traído consigo que una buena parte de los creadores haya decidido habitar dentro de una pequeña y gruesa concha sin percatarse que existe todo un universo inimaginable alrededor.

 Round # 2    

Los históricos Salones de Artes Plásticas han sido desde antaño ese certero catalizador, aglutinador y visualizador de las propuestas más osadas, experimentales y polémicas que, como especie de cámara de eco, se han convertido en un termómetro que durante un largo tiempo hicieron saltar las alarmas.

Hoy con toda certeza me atrevo a decir que todos, absolutamente todos, se han convertido en pacientes completamente sanos, algo que no es recomendable, pues el arte, entre otros aspectos, no debe renunciar a su capacidad de preocupar, movilizar y adelantarse a cualquier fenómeno sin importar el ámbito al que pertenezca.

Estos eventos son para los creadores y la institución que convoca algo así como asumir lo que se tiene y no lo que se puede hacer. Para ello se han dado cita en múltiples ocasiones convocatorias que no se cumplen, tanto en su tema central como en el plazo de admisión; un premio en metálico insuficiente; la precaria, escueta y provinciana promoción; los reiterados nombres y obras; la falta de reconocimiento y colocación del certamen y los premiados en circuitos de la capital o fuera de ellos; el invisible ejercicio del criterio y su inminente rol en la colocación privilegiada de las mejores propuestas; la carente, lenta y silenciosa publicación en revistas especializadas; la falta de una intencionada visión de mercado para con el evento, entre muchísimos aspectos.

El término Salón en este minuto resulta demasiado canónico y manido. El llamado Salonismo en Cuba ya vio pasar sus mejores años y la realidad inmediata lo está demostrando.

La cuestión radica en no cansarse de buscar una especie de canje que active las propuestas y los artistas que se presentan sistemáticamente y con resultados en este tipo de eventos, todo ello con previo aviso, trabajo de mesa curatorial y museográfico con todo un equipo de especialistas involucrados, tomando el pulso a la obra de cada creador con el fin de armar, conducir y concretar una muestra completamente competitiva, equilibrada y propositiva de principio a fin. Todo esto sin dejar en un segundo plano la convocatoria pública para todo el que decida concursar y sea sometido a un jurado de admisión, pero anticipando el núcleo central de la muestra, de acuerdo a las expectativas generales que persiga el evento y sus organizadores.

No cabe dudas que la responsabilidad reposa en ambos ángulos, dígase institución y artistas; el primero por no exigir rigor, calidad y respeto, y el segundo por no autoexigirse y superarse constantemente. Bajo este grueso queloide han navegado y sobrevivido hasta el presente una buena parte de nuestros flamantes y prestigiosos salones de arte en los últimos años. El marcado deterioro de los mismos clama una sacudida desde su cimiento, y una proyección acorde a los tiempos actuales que tanto le reclama al arte.

 Round # 3       

Coincidiendo con lo planteado anteriormente, una buena parte del grueso de nuestro gremio ha ido desaforadamente tras la búsqueda por conquistar el llamado sello distintivo o más bien estilo personal, algo que a mí en lo particular no me parece mal en lo absoluto, es lógico y viable que el creador dentro del amplio abanico de propuestas logre distinguirse.

Sin embargo, ha sido una práctica históricamente recurrente en nuestra provincia que los creadores se preocupen mucho más porque los reconozcan que por lograr concretar una propuesta que trascienda y eso es algo que me parece paradójicamente lamentable.

Las pequeñas experimentaciones y búsquedas que contados artistas han realizado se caracterizan por la improvisación forzada y poco arriesgada desde lo formal, el vacío conceptual, la abundante utilización de los mismos símbolos y elementos discursivos repetidos de forma seriada hasta el cansancio, entre otros que han hecho que circule durante décadas una acomodada y dañina zona de confort donde, al parecer, muy pocos se han atrevido a salir de sus respectivas cuevas a tomar el sol.  

 Round # 4

No es menos cierto que bajo la influencia tardía pero seductora de un mercado del arte, nuestros creadores garanticen tres aspectos vitales: vivir de su obra, romper la barrera de lo provincial y nacional e insertarse en un contexto promocional internacional, y continuar produciendo y sustentando dicha producción simbólica.

Todo ello me parece elemental y sustancioso en materia de motivación y crecimiento profesional, pero también ha dejado una inmensa secuela que ha mellado la propia dinámica habitual y natural de la evolución, circulación y promoción de las mejores propuestas en nuestra red de galerías.

A eso podría sumársele el desapego con la institución-arte, la falta de motivación y respaldo económico loable para exponer en nuestras galerías, la ausencia de equipamiento tecnológico de excelencia, desarraigo territorial, oferta y tentación por explorar el contexto capitalino e internacional, la falta de promoción y posicionamiento de las mejores propuestas en revistas especializadas o medios nacionales de difusión, el cumplimiento riguroso de contratos de exclusividad, el “síndrome del mago” o el inminente deseo de conservar la mejor producción al supuesto comprador y la falta de seducción por parte de la institución en aras de atraer al creador y contagiarlo bajo una tentadora propuesta.

Esto último se ha convertido en el hit parade de nuestras instituciones y lo digo con conocimiento de causa, quien suscribe atiende desde hace cerca de diez años la galería Sala Real de la Casa del Joven Creador, sede de la Asociación Hermanos Saíz de Pinar del Río bajo unas condiciones que apenas pueden rozar lo básico que establece cualquier galería. Sin embrago corría el año 2016 cuando el Premio Nacional de Artes Plásticas y Maestro de Juventudes Pedro Pablo Oliva accedió a una invitación de nuestra institución a cerrar todo un ciclo de exposiciones con la cual nos regaló la muestra: El largo y lento viaje de una utopía. Razones más que suficientes como para de una buena vez despojarnos y quitarnos el velo de la negatividad y el silencio institucional que parece anclarnos y tirarnos hacia una época y tiempo que nada tiene que ver con el presente.

 Round # 5

Todavía albergo en mi memoria las impresionantes y polémicas exposiciones que se sucedían en el territorio de la mano de una parte de los más avezados y exigentes críticos, curadores e historiadores del arte que visitaban nuestra provincia. Desafortunadamente y con absoluto dolor tengo que admitir  que toda esa etapa ha fallecido. Actualmente existe una sutil presencia de las más interesantes, experimentales, polémicas, osadas, propositivas y sistemáticas exposiciones personales en nuestras galerías. Este aspecto de alguna manera ha tenido su respuesta en gran medida en el round anterior pero cabe agregar de manera literal y contundente lo siguiente:

Nos hemos acomodado y acostumbrado a sostener, visibilizar y legitimar productos y/o  propuestas que tenemos a nuestro alcance, las más convencionales y menos arriesgadas desde la forma y el contenido, altamente panfletarias, hedonistas o carentes de un profundo grado de investigación, apreciándose una evidente y enquistada programación que parte desde sus propias concepciones curatoriales, dejando una larga estela de criterios y argumentos poco sustentables, que han girado sobre la base de una pérdida contundente de jerarquización, privilegio y legitimación galerística que no parece tener límites; una suerte de túnel de permisividad donde al parecer todo el que se acerque tendrá un espacio reservado dentro de la programación habitual, ya sea un recién graduado, desconocido, recomendado, empujado y hasta construido, sin importar la historia de la propia institución.

Este rosario de calamidades ha hecho prevalecer como único protagonista la monotonía en muchas de las propuestas, la falta de quórum en las inauguraciones (solo algunos amigos y personal de la institución), exposiciones prolongadas en el espacio y tiempo de exhibición (meses), sin la existencia de catálogos ni promoción adecuada, veladoras que no velan, galerías en estado deprimente (más bien con aires de cierre), las mismas propuestas con sus respectivos creadores en todas sus variedades y por último los ansiados premios que bajo la etiqueta de que vienen con nombre y apellidos han hecho que poco a poco nuestro contexto sea ocupado por una sequía artística lamentable, rezagada, conforme y poco participativa de las dinámicas más actuales.

 Round # 6

No cabe dudas que el tratamiento de los nombres, muchos de ellos clasificados, apodados, y respaldados por la institución-arte bajo el slogan de “consagrados”, “vanguardistas”, “destacados”, “reconocidos”, entre una extensa lista sin realizar un análisis de rigor entre el calificativo y la producción simbólica del creador, han encontrado otra piedra angular en el desarrollo y posible evolución no solo de los artistas sino también del contexto en el que se desarrolla.

 Existe no solo en este terruño un marcado, reiterado e instaurado sistema de preferencias y prebendas muchas veces inmerecidas con los flameantes nombres, creadores que no suelen pasar por un equipo curatorial para ser programadas sus exposiciones o admisiones en determinados salones y ambientaciones; otros a los que se les otorgan premios por la longevidad, el respeto y la firma, no así por su obra y otro grupo que con el carnet del registro nacional del creador pero en calidad de empresario y con absoluta posesión de todas las libertades han hecho una extraordinaria “emancipación” cultural de un determinado y dudoso producto. A otros el ego los hidrata y eleva a un estado desconocido.

Sin embargo existe una consistente y resistente capa de (pocos) creadores que se han convertido en gigantes en nuestras propias narices sin abandonar este terruño y sin apenas rozar el éxito del mercado y la promoción, pero dejan una obra de obligada referencia que resalta mucho más con la inmensa cuota que le insertan de humildad.     

 Round # 7

La ausencia en publicaciones especializadas y el silencio de la crítica de carácter sistemático ha zanjado un vacío que, sin ánimos de ser antagónico, no creo que se pueda recuperar el tiempo, la historia, los eventos y las obras perdidas, algo que desde el punto de vista social, cultural, historiográfico y hasta político deja secuelas imperdonables a todo un contexto y por consiguiente, sus generaciones.

Quizás por ello siempre me ha motivado ver a la crítica de arte en los siguientes aspectos: enfocada y dirigida en registrar los antiguos, nuevos y posteriores senderos del arte. Investigar y adentrarse en los más enconados procesos investigativos del arte contemporáneo no solo cubano, sino también foráneo. Lanzarse a la búsqueda y exploración sobre lo que casi nadie observa y tiende a pasar desapercibido; arriesgarse en el desmontaje y la caída de un “icono”, en la construcción propia de un ejercicio del criterio sin que medie la manipulación y el protagonismo de la opinión de los creadores; la expansión y publicación de las propuestas más interesantes y seductoras que no deberíamos dejar de ver pero también las que no debieron exhibirse nunca; estar completamente al tanto de lo que sucede en materia de arte y la producción simbólica de cada artista, teniendo en cuenta el desarrollo, la madurez y hasta el retroceso en su obra.

Estos son en mayor o menor medida esa especie de columna vertebral que debiera regir a un crítico de arte pero en honor a la verdad todos, absolutamente todos, han brillado por su ausencia en Pinar del Río.

Ello resulta penoso si tenemos en cuenta que en esta provincia se realizaron las ediciones I y II del Taller Teórico sobre Artes Visuales y el IV Coloquio Nacional de Artes Plásticas, todo eso sin contar la presencia y confrontación de una parte de nuestros más avezados especialistas y críticos de arte del país entre los que figuraban Antonio Eligio Fernández (Tonel), David Mateo, Rufo Caballero, Nelson Herrera Isla, Magaly Espinosa y Gerardo Mosquera, entre otros, como parte de eventos y jurados de los diferentes certámenes que sucedían por aquella época, unidos a los “permanentes” en la escena cultural vueltabajera como Jorge L. Montesino, Ramón F. Cala, David Horta, Amalina Bomnim, Erena Hernández y Joaquín Badajoz, cuyas publicaciones en los medios de difusión masiva y revistas especializadas como Cauce, La Gaveta y Vitral se convirtieron en el soporte por excelencia para verter todos y cada uno de los criterios referentes a las artes en sentido general.

 Conteo de protección final

Lamentablemente, todo este panorama ha hecho que germine, clone y se amontone año tras año un exclusivo y casi único modus operandi de concebir, apreciar y proyectar las artes visuales en esta provincia, sobresaliendo casi exclusivamente la bidimensionalidad, dentro de ella la pintura y la fotografía. El resto de las modalidades existe en una escala mucho menor.

Esta es una enconada y peliaguda situación que como buenos púgiles ya nos está exigiendo un esfuerzo extra por tres razones fundamentalmente: primero, mucho de nuestros seguidores han abandonado la sala en busca de un mejor espectáculo y rendimiento. Nuestros entrenadores (instituciones) ya no saben qué consejo o enseñanza pueden brindar como motivación para salir airosos de este atolladero y por último: el tiempo se ha empeñado en mostrarnos que se acabó la época del descanso contemplativo en el arte, el acomodamiento y la espera de un generador de ideas que como fly caiga en nuestras manos. Lo que no seamos capaces de hacer, alguien se empeñará en arrebatárnoslo, para ocupar ese espacio que, inevitablemente, hará que nos tiren la toalla.

 

 

 

 

 

 

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