La enseñanza artística, una necesidad social


Por Anelys Acosta Puerto. Músico y promotora cultural



Como parte de la Política Cultural Cubana fundamentada desde los años setenta, surge el Sistema de Enseñanza Artística, el cual contempla todos los niveles de enseñanza con sus especialidades, carreras y perfiles. Tal es así que existen en todas las provincias. Pinar del Rio cuenta con una Escuela Profesional de Artes (EPA) que por más de treinta años ha formado a más mil profesionales.

Durante los últimos quince años, diversas especialidades han sido retiradas de los planes de estudio por disímiles motivos. Decisiones que muchas veces tomadas sin medir las consecuencias han afectado e influido en el lógico desarrollo de los proyectos artísticos.

Para ir en orden cronológico podemos mencionar la Escuela de Artes Plásticas Carlos Hidalgo, institución de amplio prestigio nacional que aglutinaba diversos perfiles visuales como pintura, grabado, escultura y cerámica y que contó con un notorio claustro de profesores.
Unos años después la Especialidad de Ballet sufrió el mismo infortunio, sin tener en cuenta que más de cuarenta bailarines pinareños han formado parte del Ballet Nacional de Cuba Alicia Alonso y de diversas compañías internacionales gracias a la exquisita selección de maestros empíricos y la paciente labor de profesores que ante tal ausencia han cambiado su rumbo profesional hacia otros caminos.

La preocupación detona la alarma cuando se conoce que para el curso 2019-2020 la línea de percusión no ha captado niños que comenzarían el quinto grado escolar. Entonces cabe preguntar ¿Cuáles son las causas? ¿Quién determina y/o decide? ¿Qué consecuencias trae para el desarrollo artístico de la provincia?

La causalidad fundamental en la mayoría de los casos ejemplificados es la carencia de personal técnico calificado, pues como es sabido muchos profesionales de las especialidades artísticas buscan mejores oportunidades en la capital, sin dejar de mencionar la política que se ha implementado de regular y regionalizar escuelas de arte en determinadas provincias del país, pero que también una voluntad desde el territorio minimizaría tales males.

Determinar y decidir sobre ello implica una gran responsabilidad que a corto plazo no sería visible pero que en un período de quince o veinte años sería nefasto, máxime cuando luego de cerrar una escuela es casi imposible volver a iniciar todo un proceso marcado por condiciones objetivas y subjetivas, como es el caso de las artes visuales.

Cada centro y consejo de la dirección provincial de cultura conoce sus fortalezas y debilidades y está consciente de la importancia de formar todo ese talento en nuestras propias escuelas pues es prácticamente imposible enamorar a algún egresado de otra provincia a permanecer en Pinar del Río una vez que concluya su servicio social, aspecto de obligatorio cumplimiento si no existen opciones tentativas comerciales y artísticas.

Aunar fuerzas desde las instituciones que diseñan los Planes de Desarrollo Artístico y velar por su cumplimiento e implementación tiene que ser una urgencia que además implique a la vanguardia artística, enamorar, incorporar, sumar, vincular y analizar deben ser algunos de los pensamientos para minimizar esas ya presentes consecuencias.

Soñar con los pies en la tierra, teniendo en cuenta las condiciones, necesidades y potencialidades de esas carencias artísticas tiene que ser el objetivo y no la meta. No debemos pretender tener una orquesta sinfónica si no contamos aún con una orquesta de cámara que necesita casi el doble de los instrumentistas de cuerdas frotadas dígase (violín, viola, violonchelo y contrabajo) que siempre ha sido el talón de Aquiles de la especialidad de música.

Es conocido que la enseñanza artista en cualquier parte del mundo es muy cara, que además es para una élite económica, pero es una conquista y como tal tenemos que defenderla, protegerla y potenciarla.







   

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