Anita Mur: Mucho más que una historia de amor

 

Por Abel Guelmes Roblejo. Escritor y crítico


Cuando comencé a leer la novela Anita Mur, del escritor cubano Frank David Frías Rondón, publicada por la Editorial Primigenios, lo primero que me vino a la mente fue: “esto es una historia de amor preciosa”, y enseguida tuve una mezcla de sensaciones encontradas. Toda la novela transcurre en un balance perfecto: de emociones, estructura, técnicas, personajes, vivencias. Por un lado, el augurio de violencia y sangre, y del otro lado, el hermoso y sexy recuerdo de aquella colegiala recordada por el protagonista, en una costa habanera, con un hueco en el blúmer.


Desde ese mismo momento Frank David comienza a realizar la narración de texto nostálgico; repleto de precisas descripciones sinestésicas donde logra sumergir al lector dentro del texto, hacerlo parte de él. En Anita Mur logras oler y ver todo en 360 grados con gran nivel de detalles. Incluso puedes sentir el frío, el paso del tiempo, las emociones y la brisa invernal de un mes de febrero frente al mar, personaje recurrente durante toda la novela.


Frank David logró, mediante sus descripciones, que la novela parezca envuelta en el velo gris del invierno londinense (quizás uno de los velos que utilizaba usualmente la protagonista). Efecto que brinda esa atmósfera de misterio y nostalgia al texto, hasta el punto en que el lector nota que Ana Isabel Fiss es una persona real envuelta en una trágica y hermosa historia de amor.


Las precisas y originales descripciones no son el único logro del autor de la novela, aunque sí la base de todo libro. En Anita Mur el argumento parece hilado, como un lienzo en cuatro dimensiones. Digo, cuatro dimensiones, ya que Frank David ha planteado su historia a través del tiempo de forma tan concreta que el lector no se pierde ni un instante. Resulta muy interesante el uso de la retrospectiva en una complicada historia que abarca desde la época de inicios de los 90, hasta la actualidad.


Frank David no ha necesitado recurrir a una magdalena para los saltos temporales o espaciales. Tampoco decirlo de forma explícita. Estos suceden de manera fluida gracias al uso de diversas técnicas narrativas y capturas exactas del momento histórico narrado. Un ejemplo de esta afirmación es el capítulo donde se aborda la época del “período especial” cubano. El autor nunca menciona esas palabras ni los protagonistas realizan queja alguna. Sin embargo, el lector es capaz de identificar cada fase de este período a través de las escenas vividas/sufridas/disfrutadas por estos personajes. Me impresionó leer sobre este tema, en apariencia gastado por otros escritores, y que funcionara de manera eficaz. Nada demodé.


Otro aspecto destacable en Anita Mur es la riqueza y dominio del lenguaje. La novela está plagada de metáforas, símiles y analogías exquisitas y propias, con las cuales el autor, no solo economizó recursos narrativos, sino que enriqueció el texto con imágenes precisas.


Como bonus extra, (ya que no es la idea del autor, sino mi opinión como lector), Anita Mur puede parecer una crítica a la sociedad actual cubana, en la que se deja claro que nada ha cambiado de 1980 hasta la actualidad.


En esta novela/organismo vivo que es Anita Mur, lo que más me impresiona es su estructura y evolución. Frank David no realiza la clásica estructura cíclica. Más bien, es una espiral conformada por espirales narrativas en su interior. La novela está constituida por pequeñas narraciones que comienzan y se van enlazando con otras y viajan del presente al pasado como si tuvieran voluntad propia. Son anillos/historias/espirales donde cada palabra cuenta y nada sobra. Ni siquiera el hueco del blúmer de Ana Isabel, la foto entre los pilotes, ni el loco del barrio, ni siquiera el clima. Todo en Anita Mur está pensado para que funcione como un ancla, como un símbolo, como una pista para el lector.


No puedes dejar de leer/oír/ver/oler/experimentar nada de lo que Frank David pone a su disposición. Cada letra, signo de puntuación está meticulosamente pensado para el disfrute de esta hermosa historia. Una prueba de ello la da la propia Anita al inicio cuando advierte: “recuerda esto —me dijo mientras exprimía la saya—, tiene un significado.” Y vaya si tenía razón.


Anita Mur es una novela equilibrada en todo sentido. Como en toda historia de amor: hay luces y sombras, alegría y felicidad. Quizás es por eso que sus personajes se sienten tan vivos, sus escenas tan familiares y el lector logra sentirse identificado con la historia desde la primera página hasta la última. Este es un texto donde se disfruta tanto del viaje, como del arribo al destino final.


Como dije al inicio, Anita Mur es una historia de amor. Pero no el amor de las novelas rosas de antaño; el amor entre Abel y Ana Isabel Fiss es real, no está edulcorado. Frank David narra todo lo que sucede o puede suceder en una relación verdadera. O sea, el amor perfecto, ese que acepta y reconoce las imperfecciones de cada uno. El amor de las parejas que se apoyan, que se aman, gustan, desean y no juzgan: el amor incondicional y eterno.


Anita Mur también está repleto de momentos felices, acción, sexo, escenas de gran erotismo, alegría, bromas y felicidad. El libro parece una fotografía de esta bella historia. Quizás por eso el uso de la foto de Anita que conserva el protagonista reaparece a cada rato a modo de leitmotiv para hacernos pensar en que Anita Mur es ahora, como dice la protagonista: “...limpia y con brillo destacando entre tanta mierda. Dura igual que los pilotes de este río”.

 

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