Arte contemporáneo en Pinar del Río: síntomas de una epidemia. I
Por: Lázaro Prieto González
Resulta evidente, en la producción simbólica del arte
contemporáneo que se gesta desde Pinar del Río en la última década, la
presencia de agravantes señales, ya sintomáticas que, en mi opinión, han venido
teniendo un fuerte impacto en la institución-arte como espacio “legitimador” de
la obra y sus protagonistas. En este primer acercamiento, intentaré “ilustrar”,
de forma objetiva, seis de los aspectos primarios que se perciben ante un
fenómeno dentro del ámbito de las artes visuales que, desde hace un tiempo hasta
la fecha, resulta “pandémico” en nuestro contexto y suele transitar de un
estado a otro de acuerdo a su gravedad, si no lo detectamos a tiempo. Estos
primeros presagios son los siguientes:
2-Concepción
encriptada de la obra.
3-Construccion
anecdótica, familiar y estéril del proceso creativo.
4-Ejercicio
primario e ingenuo como resultado visual.
5-Espacio
común y manido.
6-La
verborrea posconceptual
Fiebre
Analizando pormenorizadamente cada uno de estos
elementos, tenemos que, en el primero de ellos, se hace “palpable” la búsqueda “ontológica”
y “metafísica” del ser -con un alto por ciento de introspección, casi agotador-,
algo que por lo general termina por ahogarse en su propio interior. Tales
búsquedas no logran el más mínimo diálogo epistemológico, semántico, simbólico
y metafórico con el espectador, al tiempo que tienen como principal “leitmotiv”,
la recurrencia hasta el cansancio de la utilización de objetos, elementos
personales, familiares o encontrados por “azar” como el principal detonante
discursivo con grandes cuotas de verbo acompañante y distorsionador.
Tos
En segundo lugar, tiende a ser muy resbaladizo el
terreno de la clasificación raigal de las obras por su mera representación, algo
que ocurre con mucha frecuencia con la naturaleza constructiva de estas, sobre
todo las que despliegan tantas dudas, ocultamientos e incertidumbres asociadas a
su resultado formal y conceptual per se.
La tendencia más fácil e inmediata constituye el nombramiento, entre otros, de instalación,
objeto esculturado, enviroment, videoarte, videoinstalación, obras in situ,
etc., que en su mayoría adoptan una pose “encriptada” y codificadora, con cierto
desenlace conceptual que despliega evidentes dudas, deudas y vacíos estéticos debido
a que la propuesta en cuestión se ha enfocado y se congela sobre la base del puro
“designio personal”, algo que no se corresponde con lo visualizado y que la convierte en máscara de un producto que no
conduce a ningún diálogo con el espectador.
Cansancio
En este tercer aspecto resulta evidente la
reiterada y casi obligatoria apropiación y defensa del recurso anecdótico
personal y familiar como válvula de escape para “propiciar” la
retroalimentación, algo que no me parece descabellado en lo absoluto. Sin
embargo, en muchas de las piezas, se aprecia un nexo con el tema personal que
se torna estéril, forzado y hasta baladí. Esto colisiona y excava desde el
punto de vista psicológico, espiritual y personal del propio autor y su árbol genealógico,
pero que no logra su concreción en lo absoluto, a veces ni el más mínimo
acercamiento. Tal es así que muchas de estas propuestas parecen diluirse en su
acercamiento primario y elemental, donde para establecer el vínculo con el
ademán del discurso se hace casi obligatorio la convivencia y el conocimiento del
espectador con cada una de las particularidades de la vida del autor, algo que me
resulta muy desatinado.
Muchas de las piezas y exposiciones tomadas para
estas valoraciones no pasan de ser un simple ejercicio primario, una “suerte”
de embrión en pos de convertirse en obra, pero ¡no nos engañemos!, en este
minuto una buena parte de esa producción se yergue en un contundente acto de
ingenuidad que en muchas ocasiones tiende a incomodar.
Dolor de garganta
Esta cadena de “sucesos”, para nada favorables, tiende
a pasar en muchas ocasiones para el conocimiento público e institucional de
forma contraria, una especie de “alumbramiento” para nuestro contexto, que no
parece tener un “correctivo” de forma inmediata, sobre todo por sus reiteradas
programaciones y promociones, tanto dentro como fuera del circuito provincial. Lo
anterior constituye un hecho que contrasta profundamente por la escasa
visualización de este tipo de “propuestas” en nuestro territorio en los últimos
años y de forma sistemática. No obstante, creo que no pasan en su gran mayoría de
situarse en un simple espacio común y manido dentro del arte cubano contemporáneo
desde hace un largo tiempo, donde al parecer todo cabe y nada sobra.
Dolor de cabeza
Esta proliferación e imbricación de elementos han
hecho vislumbrar otros que han tomado más fuerza en años recientes, algo que yo
he querido clasificar, a modo de neologismo, como “verborreaposconceptual”: una
especie de altar, tribuna y autobombo instaurado por algunos artistas y sus
acólitos que, como entierro prematuro, sepulta categóricamente cualquier
propuesta, donde solo y bajo la exaltación textual y oral descabellada hacia la
“obra”, logra mantenerse en pie. No solo frente a los ojos de los espectadores,
sino además dentro del propio creador, un “hacer el cuento” que ya todos
conocemos. Es en este punto donde me interesaría acercarme en un futuro, pues
deviene en un tópico que merece un acercamiento más minucioso, de cara a
futuras investigaciones.
Sin embargo, esta “oleada” de propuestas expositivas
y proyectos de muy buenas intenciones, algo que no dudaría nunca, no así su
puesta en escena en muchos casos, ha aglutinado dos aspectos positivos que
figuran y se ensalzan como “banderas”. Me refiero a la factura desplegada que
resulta impecable, de la mano de la excelsa museografía que se visualiza e
irradia, pero de estos elementos pudiera tentativamente “vivir” el hombre
dentro de su ego, no así el arte y la cultura. La proactividad de propuestas
conceptuales más enconadas e interesantes tienen que convertirse en una
condición natural y urgente dentro
del campo del arte. ¡Basta ya de fachada, ruido y poco avance!
Todo esto se refleja de manera directa en el panorama cultural nuestro y un poco más allá, como una especie de “semáforo en rojo” que advierte la presencia sintomática de un “caos” posible, pero evitable, donde solo la crítica, los medios de difusión, el mercado del arte, la institución y los especialistas se convierten en eslabones fundamentales para evitarlo, jugando cada uno el rol que le corresponde. Desde arrancar de tajo el silencio, el miedo y los compromisos a la hora de desmontar un “mito” si es necesario, difundir lo que verdaderamente merece ser promocionado y no confundir más la promoción con la propaganda, ni la crítica de arte con el periodismo cultural. Cumplir con el mercadeo, tanto de primera como de quinta, pero mantener la dignidad y la lucidez creativa; actualizar y modernizar los espacios de la cultura, a la altura de estos tiempos, para no permitir, pese a la precariedad harto conocida, que se estandarice y legitime la primera propuesta que se nos presente.
Por último, que cada decisor y especialista se convierta en filtro, curaduría, opinión, aceptación o rechazo por excelencia de cada institución que representa; de lo contrario, no erradicaremos esta pandemia que parece anclar y hacerse endémica dentro del campo del arte.


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